Vice-presidente de Alap propone caminos a la CIPD+20

Rogelio Fernandez, vice-presidente de Alap, un grand conocedor de la realidad de América Latina, dió una larga entrevista al blog por email. En ella, habla de los desafios de la región.

P:  En qué puntos se pueden promover avances en términos de los consensos del Cairo +20? Es decir, que hay que mejorar en las proposiciones?

RF: Para abordar mejor el tema, la situación va a contextualizarse en términos de la situación política internacional en el momento de la adopción del Programa de Acción de la CIPD (A), las acciones llevadas a cabo para poner en práctica el Programa (B), y finalmente una respuesta especifica en términos de los “puntos para promover avances” en relación a Cairo +20 (C).

Sobre le primer punto, la Agenda de Cairo fue desarrollada en un contexto mundial marcado por un clima de optimismo. Eran los primeros años del final de la Guerra Fría y con la disolución de Unión Soviética se abría la expectativa de una era de paz, colaboración y progreso. En ese contexto, durante la década de los años noventa se convocaron una serie de Conferencias Internacionales, entre ellas la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (CIPD), reunida en Cairo en 1994. El tono general, tanto de esta Conferencia de Cairo como de otras de la Década del 90, era que los países en desarrollo se comprometían a llevar adelante programas (en general bastante ambiciosos) para impulsar el desarrollo, el ejercicio de los derechos y la protección del medio ambiente, mientras los países desarrollados se comprometían a impulsar esas iniciativas con aportes financieros y sus propias contribuciones de acuerdo a protocolos acordados. Las agendas por una parte delineaban las acciones necesarias y el compromiso de los países en desarrollo de llevarlas adelante, y por otro establecían los compromisos financieros que los países desarrollados asumían como contraparte para que esas políticas y programas se pudieran ejecutar. Este patrón de división de responsabilidades entre países en desarrollo y países desarrollados se manifiesta en parte del Programa de Cairo.

Los eventos que sucedieron en las siguientes décadas delinearon un panorama muy distinto al escenario que se vislumbraba en los inicios de la década de los 90. Por un lado, efectivamente la amenaza de una confrontación global  entre superpotencias quedo superada, pero el esperado escenario global de paz y colaboración no se materializó. Numerosas confrontaciones armadas localizadas, negaron aquella perspectiva de una era de paz generalizada.  Por otra parte, las crisis financieras dejaron expuestas deficiencias internas en el orden económico de los países desarrollados, afectando seriamente su capacidad de crecimiento económico.

En los años posteriores a ese periodo de optimismo que enmarcó las conferencias internacionales de los ’90, la marcha de la economía global estuvo determinada por el rumbo de las economías de países emergentes, y no de los países centrales. Hubo efectivamente una reducción importante en los niveles de pobreza global, pero esas reducciones estuvieron asociadas particularmente al éxito registrado en un reducido grupo de grandes países emergentes que alcanzaron altas tasas de crecimiento y consiguieron elevar el nivel de vida de amplios sectores poblacionales que habían estado hasta entonces por debajo de los niveles de pobreza.

Sobre el segundo tema, de la puesta en Práctica del Programa de Acción de la CIPD, la sociedad civil organizada, especialmente las organizaciones comprometidas con la equidad de género y el avance del status socio-económico y político de la mujer, constituyeron una fuerte base social de apoyo para la agenda de Cairo tanto en los países en desarrollo como desarrollados. Los avances en el marco legal tanto como en los programas, fortaleciendo los derechos de las mujeres y su autonomía en las decisiones reproductivas, la protección de la salud y el derecho a una vida libre de violencia y sin discriminación basada en género, han sido notables. Esas mudanzas se tradujeron en importantes cambios en la dinámica demográfica: en América Latina y el Caribe solo Cuba registraba una fecundidad por debajo del nivel de reemplazo generacional en 1994; ya en el 2005 eran 8 los países de la región con una fecundidad inferior al nivel de reemplazo (Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Jamaica, Puerto Rico, Santa Lucia y Uruguay).

Cuanto a los avances para la promoción de una Agenda cairo +20, creo que hay que destacar la diferencia en el contexto político internacional actual en relación al que prevalecía en 1994. En el contexto actual el desarrollo de una nueva agenda estará marcado por un mayor protagonismo de los países en los cuales esos programas van a ser aplicados. De hecho las reflexiones actuales están siendo orientadas por líderes y personas notables de la sociedad civil, con un menor perfil de parte de gobiernos, y con aportes importantes de estudiosos de los temas de población y desarrollo.

Otro de los elementos que marcarían una nueva agenda para Cario+20 seria la atención a las diferencias no solo entre países sino también al interior de las sociedades nacionales. Aun en los países con una evolución muy positiva y marcado progreso en los temas de población y desarrollo, salud sexual y reproductiva y equidad de género, tenemos una agenda pendiente en cuanto a la equidad y la inclusión de amplios sectores sociales. Promover la inclusión y la equidad debería formar parte de los consensos para una agenda de Cairo+20; estos tendrían que estar explícitamente incorporados en las metas y en los indicadores que se adopten para evaluar el progreso de esa agenda.

Esto es válido en todos los asuntos tratados en los diferentes capítulos del Programa de Acción, pero especialmente en lo que se refiere a las inversiones para el desarrollo de los recursos humanos, con especial atención a la reducción de la pobreza y la generación de empleo del capítulo III, el énfasis en la equidad y el empoderamiento de la mujer en los grupos sociales menos favorecidos para que tanto hombres como mujeres puedan desarrollar todo su potencial (capítulos IV y V), así como eliminar rezagos en el ejercicio de los derechos reproductivos y acceso a la salud sexual y reproductiva (capítulo VII), salud, morbilidad y mortalidad, con especial atención a la salud de la mujer y la maternidad sin riesgos (capítulo VIII) que son áreas en las que aun se verifican diferencias sociales enormes al interior de los países.

En relación con la distribución de la población, urbanización y migración interna, hay una enorme agenda pendiente para garantizar el derecho a la ciudad y el acceso a los beneficios de una residencia urbana, derechos que son denegados a grandes grupos poblacionales, incluyendo aquellos que han establecido un asentamiento urbano, pero están privados de los servicios esenciales y continúan marginados de las oportunidades que ofrecen las ciudades.

Los progresos en el acceso a la salud reproductiva, incluida la planificación familiar han llevado a reducir significativamente las tasas de crecimiento demográfico en la mayoría de los países de América Latina. Sin embargo, en todos los países hay grupos en los estratos más bajos de ingresos y de menor nivel educativo que presentan altos niveles de fecundidad, con necesidades insatisfechas de servicios de planificación familiar y alta proporción de fecundidad no deseada. Con todo, la reducción en la tasas de crecimiento poblacional ha llevado en muchos casos a reducir la atención a la dinámica demográfica, en momentos en que los cambios demográficos ofrecerían un mayor potencial y oportunidades para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social y humano, aprovechando el periodo de cambios favorables en la estructura por edades e impulsando la formación del capital humano, la productividad y el empleo de los jóvenes.

P: Cuál es el rol de América Latina en los debates sobre población? Cual la importancia de la conferencia regional en términos mundiales?

RF: América Latina ocupa un espacio importante en los debates sobre población y desarrollo. Por una parte la región muestra procesos que cubren el amplio abanico de los cambios demográficos que se han observado a nivel global: desde países que se encuentran ya en un avanzado proceso de transición demográfica, con proporciones relativamente altas y crecientes de población en edades adultas mayores, hasta países donde el peso relativo de los grupos en edades adultas jóvenes está creciendo rápidamente, y países que aun registran niveles altos de fecundidad, aunque decrecientes. Esto representa un espectro que facilita efectuar análisis comparativos de las interacciones del cambio demográfico y el desarrollo, posibilitando la construcción de escenarios para políticas públicas que -al menos potencialmente- podrían orientar la incorporación de los cambios demográficos en la planificación del desarrollo.

Similarmente, aunque en muchos países son aun escasos los recursos humanos capacitados para realizar estos análisis de situación poblacional de manera eficiente, e incorporar sus resultados en el diseño de políticas públicas, hay en varios países -y en el nivel regional- capacidades y estructuras institucionales para impulsar esos tipos de análisis y contribuir positivamente al debate, tanto a nivel regional como global. Existen también las bases esenciales para impulsar el desarrollo de capacidades a nivel regional y especialmente fortalecer las capacidades en los países con menor desarrollo de recursos humanos en este campo. Se cuenta con una asociación profesional de nivel regional dinámica y en crecimiento, así como fuertes asociaciones profesionales nacionales en algunos países, las que están impulsando intercambios entre países en estos temas. Asimismo existen en la región instituciones académicas y centros de investigación de alto nivel, que están aportando al crecimiento de las capacidades no solo en sus ámbitos nacionales, sino que están formando recursos profesionales de varios países de la región, así como de otras regiones como África.

En este contexto la Reunión de la Primera Conferencia Regional de Población y Desarrollo constituye un evento de mucha importancia para la Región de América Latina, y puede aportar elementos significativos para una agenda global de Cairo+20. La reunión permitirá una reflexión profunda sobre los resultados de los 20 años de aplicación del Programa de Acción de la CIPD, discusión entre los gobiernos y los expertos de la región en cuanto a las lecciones aprendidas y los temas aun pendientes de la Agenda de Cairo. Todo esto permitirá identificar los temas prioritarios para una agenda relevante de Cairo+20 que se extienda más allá del 2014.

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